Estamos en un país libre con libertad de expresión. ¡Y un cuerno! Los periódicos cuentan lo que a las empresas editoras les interesa y callan lo que, por ideología o por dinero, no les viene bien. En la radio ocurre otro tanto, con el agravante de que las emisoras tienen una gran carga ideológica y se pasan el día arengando a sus seguidores con formas y fórmulas grotescas las más de las veces. Y de la televisión, para qué hablar.
Y no sólo hablo de la gente en general, del público, comprador de periódicos, oyente o televidente. Es difícil que sus intereses, temores, anhelos y preocupaciones se vean reflejados muchas veces en los medios de comunicación. Hablo, sobre todo, de los periodistas. Cada vez más amordazados, cada vez más depurados. El que no está a favor de la ideología o los intereses de la empresa, pone en riesgo su trabajo. Y no es ya que el periodista "pelee" en la redacción un tema que considera interesante; no es que intente convencer a su redactor jefe o a su director de que tal o cual asunto es muy grave y hay que denunciarlo. No. Simplemente con que se le ocurra dicho tema o con que, humildemente lo plantee, ya es un "espía peligroso del enemigo" y hay que defenderse de él.
La democracia nos trajo grandes dosis de libertad. Los primeros años de la transición se respiraba esa libertad por todos los poros. Cualqueir foro tenía audiencia y prácticamente todo el mundo podía ser escuchado. Eso pasó a la historia.
Con la llegada del PP al gobierno, las puertas se cerraron en muchos casos. Hubo depuraciones en los medios públicos que no chocan mucho porque para eso son "públicos" (palabra que los gobernantes modifican por "propios"). Pero en los medios privados también se notó. Bien sea porque el gobernante de turno amenaza con retirar las subvenciones y la publicidad a tal o cual periódico (radio o TV), bien porque se dedica a presionar directamente al editor, propietario o director del medio. Lo cierto es que se empezó a respirar falta de libertad y la situación ha ido a peor.
Los medios se fueron agrupando y esa concentración no ha traído tampoco más libertad, sino que ha creado un monopolio peligroso. Ya no hay muchas voces. Son las mismas en todos los lugares aunque el acento cambie.
Y, desgraciadamente, cuando se entra en esa espiral de falta de libertad de expresión, la cosa no va acambiar por que haya un cambio de gobierno. La censura se ha enquistado en la sociedad y casi nada es políticamente correcto.
Pero no hay que perder la esperanza. La historia se mueve como un péndulo. Sólo hay que confiar en que vaya pronto en sentido contrario.